Cuba: ¿cuánta libertad de expresión hemos ganado con los cambios?

“Sigo teniendo el Coontrooool, uhoooo,

tengo a la disco bailando con reguetóoooon”.

Chacal  y Yakarta (reguetoneros cubanos)

En Cuba no cuaja la libertad de expresión. O, para complacer un poco a tremendistas y especificadores de mierdas, diré que no cuajan avances al respecto.

Como ellos, pienso que la Libertad de Expresión es mito urbano: incluye la palabra Libertad y en este mundo solo es posible ejercer la Libertad mayúscula por dentro.

Pero también pienso—…como ellos— que es posible ejercer la libre expresión en mayor o menor medida, dependiendo de las circunstancias concretas de cada escenario.

Y el escenario nuestro sigue siendo malo y reactivo, quizás tanto como 10 años atrás cuando no había IMO-Internet en los parques, ni la gente viajaba a hacerse selfies en el frío, ni existían los llamados “medios alternativos”, que llegaron para ofrecer airadas alternativas a quienes gustan de la ópera y la pelota, y, además, tienen un acceso funcional a la Red.

Desde que comenzaron los cambios, cada Día Internacional de los Derechos Humanos tiene un reflejo en los medios oficiales. Desde una semana antes y hasta una semana después de cada 10 de diciembre la prensa del Partido celebra las bondades del Estado cubano y nada dice de sus faltas.

Se habla de la salud gratuita y de la educación especial, pero no sobre las dificultades internas que llevan a miles de cubanos a abandonar la Isla, y a viajar más de 7000 kilómetros por tierra, entregándose a la llama, a la selva y al coyote, para ingresar luego al único país que les reconoce un estatus legal tan pronto llegan.

Al respecto solo hay ecos de las notas oficiales, y una friísima ausencia de fraternidad y compasión que debe tener a Martí retorcido del dolor en su nicho de Santa Ifigenia.

Tampoco se habla sobre la libertad de expresión porque para ellos se trata de un derecho menor, o bien de algo que no existe, de una farsa en todos los países del mundo, y como tal, no vale la pena mencionarla o debatirla.

Terminando el 2015 la prensa oficial cubana permanece ajena a los conflictos del ciudadano. Como cosa autista no despierta antes las sacudidas de la realidad.

Un reportaje de televisión transmitido el pasado día 7, por ejemplo, mostró a médicos especialistas y directivos de los hospitales Ameijeira y Calixto García muy conformes con la entrada en vigor de la regulación migratoria que les exige autorización ministerial para salir del país por razones personales, y que busca detener el éxodo de profesionales del sector junto a las correspondientes afectaciones en el servicio a la población.

¡Al parecer no hay en Cuba un solo médico encabronado con la nueva regulación, y si lo hubiera es tan extraterrestre el tipo que su opinión no amerita espacio alguno en la prensa nacional…!

Una prensa que, para empezar, nunca denunció el visible déficit de personal sanitario, y en cambio se dedicó a blablacear que todo iba perfecto, hasta que una declaración oficial del gobierno— otra vez…— le pegó en la frente el cartelito de “Out of order”.

Supongo que Granma y JR tampoco revelarán las cifras de médicos especialistas que se han marchado por “razones personales” (lo cual es buscar mejores salarios), ni mucho menos las pondrá en el mismo párrafo en que se hable de los miles de galenos que hoy cumplen misiones internacionalistas en una pila de países por ahí.

Sigue, asimismo, aquejada del síndrome de “la tuya”, a juzgar por su respuesta ante las protestas frente al consulado ecuatoriano en La Habana. La prensa dijo “ya se resolvió el problema” sin haber dicho antes “está pasando algo allí”.

La prensa alternativa, por otra parte, significa un respiro de modernidad para quienes buscan inmediatez y buen estilo—  sobre todo en noticias de ópera y pelota— pero habiendo conquistado su derecho a la expresión hasta el punto en que les interesa, ya les importa un pepino el derecho a la expresión de los demás.

Cuando se trata de un medio privado se entiende: ¿no escribo yo y publico en este blog privado solo lo que me sale a mí del páncreas…?

Pero en medios de otro corte, sobre todo los que declaran como su razón de ser justamente la defensa del derecho de expresión de quien lo tienen más afectado, es una verdadera lástima, gran paradoja…, la omisión y censura de los mismos asuntos y enfoques considerados “demasiado fuertes” por la prensa oficial.

Proliferan así los empoderadores que empoderan solo el segmento del discurso nacional que sirve a sus intereses; mientras muy pocos defienden en lo público el derecho de todos a expresarse con libertad, o la construcción de espacios participativos libres de purga ideológica.

Quienes deciden hacerlo tropiezan una y otra vez con el ninguneo. Se me ocurre un ejemplo fresco: la censura no dejó siquiera nacer un espacio de debate cultural y nuevas tecnologías en Camagüey, a cargo del crítico Juan Antonio García Borrero.

Tan desfigurado está el terreno de la expresión pública en Cuba, tan lleno de censuras y malintencionadas sospechas, que aun proyectos mediáticos independientes se asumen desde tal adversidad, y ponen un empeño extraordinario en probar que son financieramente trasparentes y profesionalmente cabales. Un modelo admirable, pero peligroso en tanto puede sentar pautas de presunción de culpabilidad en el periodismo.

Plantearse los Derechos Humanos solo desde aquellos aspectos que están en mejores condiciones es eludir la necesidad de reflexionar más sobre los que faltan o andan mal.

Y en Cuba— además de proteína y jabones baratos que huelan rico— hace falta ampliar los márgenes de la libertad de expresión y de la participación ciudadana desde una óptica inclusiva y fraternal: algo que el paisaje mediático contemporáneo niega por omisión en estos días de panegíricos que rodean al 10 de diciembre.