Negocios privados en Cuba: el malestar en la actualización

 

“La mayoría de los países mejorarían si los Gobiernos se concentraran más en proveer servicios públicos esenciales que en administrar empresas que funcionarían mejor en el sector privado, (…). Cuando la liberalización comercial- la reducción de aranceles y la eliminación de otras trabas proteccionistas- se hace bien y al ritmo adecuado, de modo que se creen nuevos empleos al ritmo que se destruyen los empleos ineficientes, se pueden lograr significativas ganancias de eficiencia.”

Joseph Stiglitz.

Nuevas disposiciones publicadas en la Gaceta Oficial pretenden actualizar el estado legal del trabajo por cuenta propia o iniciativa económica privada en Cuba. El texto caracteriza cada actividad— qué se puede hacer específicamente y qué no con cada licencia…— y autoriza otras que hasta ahora estuvieron vetadas.

Las regulaciones prohíben la venta de ropa y objetos industriales importados, y también la venta por particulares de artículos adquiridos en la red de tiendas estatales del país. Ambas prácticas hasta ahora gozaban de libertades parciales, aunque la legislación existente no las avalaba.

Como no existen mecanismos para que un cubano importe calzoncillos y celulares chinos con carácter comercial, fue más sencillo impedir su comercialización que elaborar el cuerpo legal que les permitiera hacerlo, al tiempo que trajera mayores aportes tributarios al presupuesto del Estado.

La prohibición para revender mercancías compradas en las tiendas estatales, por otra parte, busca evitar el acaparamiento y la especulación, ambos delitos tipificados y proscritos por el código penal cubano.

Sin embargo, es de temer que la nueva legislación, si se aplica a rajatablas, solo logrará regresar ambos mercados a la negritud en que estaban antes de la apertura del cuentapropismo. Difícilmente un hábil negociante con 5 mil dólares invertidos en equipos electrónicos, zapatillas, pitusas y pulóveres, decidirá perder ese dinero y dedicarse a coser trapos viejos en el portal de su casa, o a derretir pomos plásticos para fabricar palillos de tendedera.

Un caso puntual bastante notorio de ilegalidad asociada al cuentapropismo es la venta pública de libretas escolares que hasta llevan impreso el sello que anuncia “prohibida su venta”. Esas libretas salen en grandes cantidades de los almacenes estatales, o sea que falla el control en ellos. Intentar contener este tipo de corrupción en el  último tramo de la cadena, el vendedor, y no en los almacenes, es como tratar de atajar a un toro por el rabito y con los ojos cerrados… con pánico a cogerlo por los cuernos.

En Cuba un delincuente juvenil cualquiera, desertor escolar acaso, puede obtener una licencia para reparar y/o programar equipos de cómputo, e incluso puede llegar a poner sus manos sobre costosos ordenadores de empresas estatales sin que para ello deba presentar documento alguno que certifique su preparación técnica. Esto, lógicamente, provoca estafas, broncas, malestar y recondenación.

Conozco personas que contrataron servicios de estos “arréglalotodo” y fueron víctimas de cambios inconsultos de piezas buenas por malas, y otros que perdieron definitivamente sus equipos porque los “profesionales” los utilizaron para aprender a reparar lo que se supone deberían saber de antemano.

Tampoco es necesario mostrar siquiera el certificado de graduación del 6to grado para solicitar una patente de Mecanógrafo o Gestor de Trámites, actividades que demandan habilidades y conocimientos básicos de Lengua Española y Matemáticas, respectivamente.

La higiene en los timbiriches gastronómicos es otro asunto que debería ocupar más a los legisladores del cuentapropismo. En total asquerosidad muchas cafeterías ostentan orgullosas sus Licencias Sanitarias, lo cual provoca cólera y demás puercas enfermedades. Otras ofertan pan con hamburguesa y resulta que el producto real es pan con croqueta aplastada (…en forma de medallón), ¡sin una solita molécula de carne! En cualquier mundo eso se llama estafa al consumidor, y a nadie aquí se le retira la patente por pasarle gato por liebre al cliente,…acaso porque en las cafeterías estatales también ocurre lo mismo.

Si los mecanismos de inspección gubernamental buscaran la protección de los intereses del ciudadano/cliente /consumidor deberían atender primero la calidad de los productos, la preparación técnico- profesional del personal, y también los precios y las tarifas: sin llegar a regularlos totalmente se podrían pautar topes en correspondencia con los tributos y con el precio real de las materias primas.

En esta ciudad, por ejemplo, se extendió el arrendamiento de locales de la Empresa de Servicios Técnicos y del Hogar a cuentapropistas, sin que pasara por la cabeza de nadie un gramo de intención favorable a la población. Casi todos los parqueos de Camagüey (incluyendo los de Hospitales) ahora son administrados por particulares, que duplicaron, triplicaron y hasta cuadruplicaron la tarifa del servicio alegando los altos impuestos por arrendamiento. Así, si usted tiene un familiar ingresado en el Hospital Materno debe pagar 5 pesos MN por cada noche que su bicicleta esté en ese parqueo: 5 pesos MN significan 1/4 del salario diario promedio de un trabajador camagüeyano.

Al principio,…cuando era el verbo y el impulso, todo resultaba muy sencillo para obtener las licencias. Sin embargo la vieja burocracia pronto engulló el nuevo sistema y ahora mismo la sinrazón y la completa estupidez crecen como la yerba mala.

Digamos que usted vive en una calle del centro histórico de Camagüey, en la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, y pretende obtener una licencia para dedicarse a la actividad conocida oficialmente como Gestor de Viajes, y popularmente llamada Gritón de Terminal. Antes de solicitar su patente, usted debe pasar por la oficina de Comercio Interior para que le den un “Hago Constar” de que usted no tiene deudas referentes a los equipos vendidos durante la Revolución Energética. Después debe presentarse en la Dirección Municipal de Planificación Física con un papeleo que incluye fotocopia de la propiedad de la vivienda, para que allí le certifiquen— previa consulta con la Oficina del Historiador de la Ciudad— que su actividad no implica la modificación física del inmueble que habita…. ¡Y este paso es obligatorio aunque su actividad sea Tenedor de Libros o Amolador de Tijeras!

Luego de obtener la licencia— con suerte semanas después— debe usted inscribirse como contribuyente en la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), venciendo las mil y una colas en oficinas donde a duras penas alcanzan las sillas, las sombras y las paciencias de todo el mundo.

Ahí es cuando uno se pregunta si la voluntad política de actualizar la economía cubana va por el camino del avance, y si la declarada lucha contra la burocracia y la ineficiencia que generan corrupción de verdad figuran como una prioridad para las autoridades del país.

No obstante al malestar que generan el papeleo por gusto y las prohibiciones absurdas, muchos cubanos han visto en el trabajo por cuenta propia la solución a sus problemas de empleo, lo cual es más de lo que pueden decir otros cubanos. Sectores profesionales como los médicos, periodistas, veterinarios, arquitectos y maestros, quedaron desfavorecidos en esta ola en que la gente puede comenzar aquí a vivir de lo que saben hacer, y continúan dependiendo pues del invento y la maraña, de la misión en el exterior, de la corrupción y del regalito para hacerse de un proyecto de vida económicamente colorido.