No tuve cólera

Hace algunas semanas comí un poco de cosas en la calle: dulces, pizza y refrescos. Sobre la 1 de la madrugada comencé a vomitar. Vomité 13 veces: tremendo asco y dolor en el esófago. Entonces me bajó mucho la presión y llegué bastante jodido al Cuerpo de Guardia; tan jodido que no recuerdo el momento en que llegué.

En el Hospital tuve varias diarreas. Mientras, me pasaban uno tras otro y a gran velocidad los sueros Ringer que se usan para esos casos. Entre uno y otro me pusieron el antibiótico: ciprofloxacina, creo. Al noveno Ringer todavía no había la respuesta renal esperada, de modo que hubo que darle un empujón a mis riñones para que arrancaran nuevamente: furosemida, creo. También me hicieron una prueba de laboratorio relacionada con el potasio en sangre. Entonces comencé a sentirme mejor, y me pasaron dos sueros más, bajo mi preocupación ignorante de que se me fuera a aguar la sangre de tanto suero… Sobre las 8 de la mañana insistí en largarme y me fui en una guagua de las que le dicen Tapia-móvil, sintiéndome como si me hubiese atropellado un desfile de tractores.

Todo trascurrió muy rápido, pero igual de rápido puede joderse uno en un episodio de deshidratación, sobre todo uno flaco como yo, me dijo el médico tras explicarme que me había tragado un estafilococo bastante jodedor. Luego aquel médico se tragó un vibrión cholerae (cólera) en alguna parte, y paró donde mismo había estado yo semanas antes.

No me costó nada el tratamiento, pero sí vi un cartel que decía Los servicios de salud son gratis pero cuestan, que contenía además una tabla con las tarifas de los servicios médicos básicos, entre ellos un día de ingreso. No entendí el sentido de aquello, pero puedo jurar que me entraron tremendas ganas de ir a rastrallarle a alguien un poco de monedas sobre una mesa,aunque fuese dinero prestado, e imaginé otro cartel, al lado del original, que dijera: Y mi trabajo igual es gratis, pero vale.

Después fueron apareciendo nuevos casos de diarreas y vómitos hasta que regresaron las medidas sanitarias a la ciudad: la alfombrita untada en agua de cloro para jugar a pies secos, pies mojados (como dice un amigo), la lavadera constante de las manos en los locales públicos, la suspensión de la venta del refresco en las cafeterías, y el misterio callejero y la falta de información oficial.

Se rumora que hay una pila de enfermos de cólera, y que como el Hospital que los atiende está en reparaciones, disminuida pues su capacidad, puede que deban pensar en un segundo albergue si no se controla pronto el brote. En medio de todos los rumores, lo único cierto es la incompetencia absoluta de las autoridades en evitar que aparezcan las enfermedades de fácil propagación. Y también en evitar que se incendie la tienda El Encanto una y otra vez, pero como eso no tiene nada que ver con el cólera lo dejamos para otro post.

Muchos suponen que todo es culpa del deterioro de los hábitos de higiene personal, y razón no falta: aquí cualquiera come lo que sea, dondequiera, sin indagar en el origen o la manipulación del alimento; es raro ver a alguien lavándose las manos, y en cambio es natural que cualquiera estornude sin taparse la boca, o que se meta la mano en los pantalones en plena calle (y no justamente en el bolsillo). Pero no creo que los hábitos de higiene personal hayan cambiado mucho en este país en los último años (ver foto tomada en Santiago de Cuba hace más de 3). Además, este blog no es amigo de culpar a la gente de todo lo malo que les pasa: esa tarea ya la asume el periódico Granma (“Abuelita”, en inglés) con incontinencia verbal solo comparable a las diarreas del cólera.

El triste paisaje higiénico-sanitario que exhibe hoy Camagüey es, a mi juicio, resultado de la extensión irresponsable de la actividad gastronómica y del cuentapropismo, que es el único cambio visible que involucra un aumento del contacto físico entre las personas.Y seguramente alguna culpa tendrá también la dualidad monetaria, que por cierto, se me ha ocurrido una modesta idea para hacer que la gente al fin entienda las razones que la justifican: se trata de poner al ecuánime Alden Knigth, a lo Morgan Freeman, a explicarlo públicamente en un lúdico reportaje de TV, pero como eso no tiene nada que ver con el cólera queda igual para otro post.

El brote actual de cólera, según la opinión de médicos y gente común (o con sentido común…), pudo tener su caldo de cultivo en las prolongadas fiestas tradicionales del San Juan camagüeyano, y en las lluvias más recientes, que pudieron irrigar por la ciudad los abundantes contenidos fecales que nos dejó en Camagüey el carnaval medieval de cada finales de junio. Asimismo me explican, es bien difícil que alguien aquí se muera de cólera debido a la facilidad con que se trata y cura: tratamiento similar al de mi incidente con el estafilococo jodedor.

[cólera,
enfermedades digestivas, salud en Cuba, Alejo3399, ciudad de Camagüey,
enfermedades diarreicas agudas, prensa cubana]