A DÓNDE VAMOS LOS LEGALES

Carta Abierta de Jorge Enrique «761» Rodríguez. Escritor y Promotor Cultural. Director de la Revista Digital Esquife y de “Movimiento”, revista de la Agencia Cubana de Rap.

Los sentimientos que me impulsan a exponer pública y abiertamente esta declaración son encontrados y entre ellos, lo asumo, se encuentra una profunda rabia. La rabia de quien ha elegido siempre evitar –dentro de esta isla y sus recurrencias–, las torceduras, las razones oscuras, la deshonestidad y sin embargo cosecha, como retribución, contemplar la infinitud de un horizonte.

Un único acto ilegal por mí cometido (en sinopsis, la redacción de una carta desde una prerrogativa que no me pertenecía) empañaría casi diez años de cultivar un prestigio –y una credencial basada en la verdad como lógica de vida– dentro de la Asociación Hermanos Saíz, institución a la cual pertenecí y en la que trabajé en disímiles responsabilidades durante ese tiempo. Aún hoy, y en lo personal para siempre, este error significa una derrota. Fuera de este hecho, mi vida como individuo, como creador y como trabajador ha sido signada por un concepto: la honradez. Cada una de mis relaciones todas, y en cada proyecto que me he involucrado deviene como principio la honradez. Aquellas cosas que poseo (pocas, poquísimas) han sido el resultado, en lo absoluto, de mi trabajo. La crianza y manutención de mi hijo de once años –si exceptuamos las bendecidas remesas de amistades–, han sido sostenidas, en lo absoluto, por mi trabajo.

Elegí siempre, por razones y convicciones propias, trabajar para El Estado. Aun en los momentos más críticos y amargos de esta isla, mi elección fue la misma. Nunca inventé, ni raspé, ni luché, ni cometí ningún otro acto bajo los cuales se justifica la apropiación indebida o el robo (su nombre real). Cuando las circunstancias y las legalidades lo permitieron (cambios que ahora mismo en mi profunda rabia no sé si alabar o maldecir) incrementé mis ingresos, pero siempre de frente a las instituciones; es decir, también trabajando para El Estado.

Mis oficios, Escritor y Promotor Cultural, me permiten desempeñarlos ambos casi a un mismo tiempo. Actualmente dirijo la revista digital Esquife, y la revista de la Agencia Cubana de Rap, Movimiento. Mis ingresos dependen, en exclusivo, de los honorarios mensuales que devengo de la primera, y de los honorarios al culminar cada edición de la segunda (dos veces al año). Los ingresos extras provienen de los artículos o reseñas que logro publicar en algún otro espacio, casi siempre nacional. Si ha sacado bien la cuenta, todos mis ingresos se sostienen de estos oficios; únicos que conozco (y espero que ello no represente ilegalidad alguna).

Este preámbulo, o merodeo, describe una situación que no es exclusiva de mi persona, si tenemos en cuenta la cantidad de escritores, críticos o investigadores que, similar a mis convicciones, han elegido la honradez y trabajar para El Estado. A través de una pregunta me gustaría hilar la esencia de esta declaración: ¿qué sucede cuando por razones X o Y se retrasan mis honorarios mensuales? Ni siquiera me tomaré la molestia de responder. El hecho es que en este instante están retrasados.

Se puede pensar –de hecho se pensó, y se expresó entre las justificaciones ofrecidas– que estos dineros no son técnicamente SALARIOS, y por ende (interpreté yo) pueden estar sujetos a un conjunto de cambios encaminados a fortalecer las legalidades.

Bien; SALARIO es todo aquella «remuneración que recibe una persona por el trabajo o servicio que desempeña». Ni más, ni menos. Quien piense y crea lo contrario está cometiendo un error a ojos de la jurisprudencia.

Ahora; ¿fortalecer las legalidades (estoy a favor de todo camino que conduzca a ello) debe significar por fuerza el impago a un individuo (y su familia) que depende exclusivamente de estos honorarios? ¿Si llegáramos al acuerdo (que lo dudo de mi parte) en que este pago no llega a ser técnicamente un SALARIO; significa ello dejar de pagarlo en tiempo y forma por razones X o Y? ¿Acaso mi familia y yo no podemos planificar nuestras vidas porque técnicamente los dineros que gano con honradez (y trabajando para El Estado) no son técnicamente un SALARIO?

Lo importante para mí no se establece en si es un SALARIO o cualquier otra nomenclatura a inventarse. Lo trascendental es que este dinero representa en su totalidad el resultado de un servicio honrado (al Estado, y por supuesto legal). Es el dinero que pertenece a un individuo que ha elegido trabajar y vivir de sus esfuerzos; de lo que sabe y puede hacer. Es el dinero que este país y la Revolución prometieron proteger, priorizar, defender. No es un dinero ajeno; es simplemente mi dinero; y no creo que haya que insistir ni recordar cuál es su uso.

Cuando se habla de fortalecer las legalidades, siempre recuerdo que a cada escritor, crítico o investigador de este país se le establece un pago a través de un contrato amparado bajo la «Resolución No. 157 de 1980», dictada por el entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos. Poco sé de Derecho o Jurisprudencia, pero una pregunta me inquieta; ¿es legal la realización de un contrato amparado bajo una Resolución que no ha sido revisada en más de treinta años? ¿Cómo hablar de fortalecer las legalidades cuando esa misma Resolución establece una tarifa de pagos inmorales que no se ajustan a las realidades que vive esta isla?

No han sido pocas las veces que se le ha impugnado a un creador (en público y en privado), el hecho de publicar en espacios de sospechosa procedencia; o en publicaciones que resultan algo incómodas, por su discurso crítico, al conjunto de instituciones cubanas. Pero, ¿nos hemos preguntado las razones intrínsecas? Si creer que toda inmigración en Cuba resulta de problemas ideológicos es un horror de juicio, también lo es el criterio que concluye en que todo aquel que publica en esos otros espacios lo comete por asuntos de política. No señores. El problema es de matemática y de economía. Sencillamente no es lo mismo (y por el mismo artículo) devengar 60.00 pesos MN que 5.00 ó 10.00 CUC. La realidad cubana no te permite, ni siquiera imaginar que pueda existir semejante igualdad.

¿A dónde vamos los legales a dónde vamos los que renunciamos a los CUC (por razones propias) y preferimos los MN? En lo particular, y bien que lo saben muchos, me sobrarían los espacios donde ganar esos CUC. Puedo mostrarle al mundo el buzón de mi correo (pues no soy de los que borra ni los mail recibidos ni los enviados) donde no son pocas las propuestas. Pero mi talento señores, que lo tengo y disculpen la vanidad, elegí igualmente utilizarlo para Cuba, dentro de Cuba y desde Cuba.

¿A dónde me puede conllevar el hecho de que las razones X o Y impliquen no pagarme esos dineros; es decir, privar el sustento a mi familia? Al invento. A las torceduras. A las ilegalidades. Pero no; prefiero antes buscarme el problema de publicar esta declaración abierta porque ninguna razón ambigua, ningún gobierno, ningún estado, ningún irresponsable, ningún burócrata, ninguna reflexión a destiempo, ninguna promesa oxidada, ningún sistema trasnochado, podrá desviarme de mis convicciones morales, ni podrá convertirme mediante fuerza o poder mayor en lo que no he sido ni seré.

Sé que habrá un aguacero de incomodidades, de malestares, de resquemores. Sobrarán los traicionados, los aludidos, los ofendidos, los afrentados. Incluso no faltarán aquellos dispuestos a tapar el sol con un dedo, bajo el discurso de que esta declaración es exagerada y sobrepasa los hechos. Lo triste, lo sé, es que los apoyará el silencio de tantos; pero ya lo dijo un poeta: «el problema no es si te buscas o no más problemas». Y por otro lado, no busco coros ni porristas. Quienes me conocen y leen mis ejercicios de criterios saben que me debo a una sola cosa: a lo que me sostiene por dentro cuando afuera todo se derrumba.

Rabia; sí. Ira, sí. Indignación, sí. Decepción, sí. De todo ello y mucho más estoy embargado, porque no puedo entender cómo el discurso que me invita a la mesa es aquel mismo que después me niega ser un comensal.

Rezo de verdad (porque no voy a cejar), y le pido incluso a un ente en el cual no creo, la solución de estos problemas para todos y por el bien de todos. Que no es mi problema en exclusivo, sino también el de unos cuantos que me han pedido que esta declaración sea a su nombre, aunque por obvias razones harto conocidas no quieran signar su autoría. No los cuestiono ni los juzgo el ser humano es un animal de costumbre.

Un abrazo de paz y memoria

La Habana, 27 de febrero de 2013