Impertenencia de gremio

Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad, es preciso que aprendan a oirla.
Samuel Johnson
(1709-1784) Escritor británico

Aunque soy periodista, y soy de Cuba, yo no pertenezco a la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). No entro en detalles: solo diré que ella no me quiso más cuando decidí irme a trabajar fuera de los medios de prensa… aunque 3 meses antes me distinguiera con uno de sus más importantes lauros a nivel nacional, el “Premio 26 de Julio”, aunque continúe colaborando con los medios cubanos interesados en mi trabajo profesional, y aunque me sienta inevitablemente parte (y para bien) de la “cosa periodística” de mi país.

De modo que no por “no pertenecer” (verbo que detesto) dejo de sufrir los destinos del gremio (rara vez logro alegrarme al respecto); me importaron antes y me seguirán importando siempre los rumbos del periodismo cubano, y las dificultades de mis colegas para el pleno ejercicio de sus funciones.

La última reunión de la UPEC a la que pude asistir fue una versión local del Congreso Nacional que se aproxima. No sé si las actas oficiales lo recogen así, pero a mi modo de ver, las principales preocupaciones del grupo son las mismas de siempre, y en este orden: salarios, carencia de un cuerpo legal que regule y proteja los ejercicios de la prensa, y accesibilidad a la superación profesional. Estos tres temas afloran en cualquier conversación donde haya más de dos periodistas cubanos, en los más sentidos congresos de que se pueda tener noticia.

La cuestión de los salarios significa mucho, de hecho significa todo lo que puede significar el dinero: comida, calidad de vida, ánimos para seguir haciendo y hacer mejor… etc; y aquí puede parecer que nos quejamos de los que se quejan los obreros de Cuba entera… pero en el caso particular es con mayor razón, pues aunque alguien dijera “ustedes no son los que peor están” definitivamente entramos en ese grupo junto a maestros y médicos, y junto a todos los que producen valores espirituales… siempre que no sean artistas famosos, claro, los cuales tienen diversas maneras de recoger sus cosechas porque pueden hacer y vender su trabajo hasta cierto punto “por la libre”. Hacer y vender medicina, educación y periodismo “por la libre” constituyen actos incompatibles con la legalidad en Cuba.

La superación igual interesa bastante. Predomina la idea errada de la prensa como oficio propagandístico y rara vez la ciencia
comunicológica se impone ante el vocabulario de la década del 70, usado por gente que para hablar de periodismo cubano prefiere citar discursos políticos antes que a Martín Serrano o Pierre Bordieau. Por eso y por otras cosas pasa que la gestión de superación sea
insuficiente, y que cuando finalmente emerge, las más veces resulten en opciones tanto impopulares como inútiles al objetivo de mejorar la calidad de la prensa. Y las veces que esto no es así, pues entonces tienen ventaja los periodistas de la capital… que por cierto también tendrán ventajas innegables a la hora de opinar en el próximo Congreso, pues la cifra asignada a los guajiros de provincias da risa y pena.

Lo otro y más importante es un viejo reclamo del sector: una Ley y/o Ministerio de Prensa que establezca lo más claramente posible cuáles son los deberes y derechos del reportero cubano en su relación con las fuentes de información; esto adquiere relevancia en un contexto de cambios, en que la dirección política del país ha llamado a la prensa a criticar y buscarse problema con las estructuras administrativas y destapar casos de corrupción y secretismo barato; o sea, que el periodismo cubano tiene luz verde para ser lo que debía desde el principio… cosa que ahora se puede decir con total tranquilidad pero que antes pocos se atrevían. Documentos oficiales como el Código de Ética periodística y las Orientaciones del Buró Político para la Eficacia Informativa, son letra muerta, pura decoración que casi nunca se usa para justificar decisiones en favor de la prensa en situaciones de conflicto.

Entonces, desde dicho lo dicho sobre el muy cierto aburrimiento y facilismo del hábito reporteril cubano… no se aprecian cambios positivos al respecto; yo personalmente aprecio todo lo contrario… como si alguien se burlara por lo claro de aquel discurso de Raúl, y anduviera por allí repartiendo palos y orientaciones 180 grados diferentes para trabajo de la prensa. Quizás no hay tal orientación por ninguna parte y todo sea resultado de esa burocracia tapiñadora de corrupción que tiende a preservarse y replicarse, mutando con cada medida revolucionaria en su contra y adaptándose a todo lo nuevo… pero al final el caso concreto es que no cambia la prensa, al menos no para bien.

Nuestros medios se fue en blanco total con el macro-tema ultra-secreto del cable submarino de fibra óptica ALBA 1 (Según una nota de ETECSA, luego de algunas inversiones infraestructurales el cable debe comenzar a mejorar la conexión a Internet en aquellos sitios donde ya se dispone de alguna…). Curiosamente, esta nota vio la luz justo después que se formara una gritería colectiva en Internet pidiendo
explicaciones por el cable, y luego también de que algún sitio medidor del tráfico internacional anunciara la confirmación de incrementos asociados a la cuestión conectiva desde Cuba. Por otra parte, la nota es extremadamente escueta, por tanto falta el respeto al derecho de la gente a la información precisa, más sobre un tema con tanta
expectativa social. La nota la firma ETECSA, o sea, que nada periodístico hay en el asunto, lo cual trasluce, sin lugar a interpretaciones más complejas, que no quedó otro remedio sino publicar algo al respecto. Pero basta ya de tanto cable… que no sé por qué supongo que dará tema de debate para muchos años.

Igual pervive la práctica de la autopsia periodística, que consiste en que los medios dan a conocer un caso de corrupción cuando ya todo el mundo está preso, de modo que nadie se entera por ellos, y se prostituye el valor de la noticia al utilizarla como tiza sobre un mural de cooperativa campesina.

Y digo yo que quizás por eso mismo el periodista bueno y osado esté a la espera de un cuerpo legal que lo proteja en caso de que se mezclen esos poderes por cuyos excesos la prensa debe velar.

Obviamente, como yo “no pertenezco”, no sé que rumbo concreto lleva esa discusión, o si es que la hay. Pero quisiera que la futura Ley de Prensa de mi país diferente ponga las cosas en su justo lugar, y a cada cual lo suyo.

Que no venga ella a legalizar la censura y la sanción, y a darle más cuerda a los muy valientes y regordetes “administraidores” que caen hacia arriba; sino que haga homenaje a su padre teórico, el fallecido profesor Dr. Julio García Luis, que advertía como parte de su necesidad:

“Los cambios bien conocidos en la composición generacional,
educacional y cultural de la sociedad cubana, y su influencia en las expectativas hacia los medios”, y también “La influencia sobre Cuba de la revolución tecnológica y los procesos de globalización a nivel universal en el campo de la comunicación, y la voluntad nacional expresada de que nuestro país avance hacia la sociedad de la información y el conocimiento”.