Déjenmelo a mí…

Cuando yo sea el rey del mundo y en vez de perros sarnosos haya animales contentos en las calles de mi ciudad, quiero que me pongan a ese tipo en una silla delante, para mandarlo impunemente a la mierda.
Juro que no lo voy a colgar por la entrepierna como quisieran hacer muchos, ni lo someteré a castigos físicamente violentos: la violencia es la voz de los cerebros lisos, y como dijo Gandhi, o algún otro ecuánime pensador que nunca recibió el premio nobel, “con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.
A ese tipo descarado, prodigio del circunloquio y la demagogia urgente, déjenmelo a mí…
Lo primero que haré será quitarle el carrito soviético tan cuidado y obligarlo a mirar mientras le monto una turba de apurados obreros…que sudan hasta temprano en las mañanas como si fueran una cosa vegetal. Entonces le daré un cronograma de 7 reuniones por día, para que opine y redacte informes sobre temas muy desagradables para él como la libertad de expresión, la libertad, y la expresión. Esto deberá hacerlo en un idioma distinto al que él conoce, por lo que deberá aprender la gramática española clásica, y despojarse de la jerga jeferil incoherente de tantos y tantos años de hablar y redactar puras mierdas.
Después de eso lo voy a poner a preguntar y esperar interminables momentos en recepciones cigarrientas, por asuntos tan delicados como la comida y la vivienda de su familia. (Una vez escuché a un tipo de estos decir públicamente que el cubano era un ser inconforme porque si no comía al menos tres veces al día ya decía que pasaba hambre…, ¡qué clase tipo!)
Luego lo voy a montar en un camión de a peso, lo voy a obligar a almorzarsese un pan con coqueta de dos pesos y un refresco instantáneo de limón, y cuando pida café le voy a dar uno frío, aguado y mezclado al 50 % con chícharos, para que entienda así el porque del rostro arrugado de la gente por ahí y vea que la mala leche no es solo cuestión de carácter, sino también de circunstancia.
Después lo voy a mandar al Banco Popular de Ahorro para que abra una cuenta personal y descubra que hasta para soltar dinero tendrá que enfilarse, suplicar y sudar de tensión.
Luego le daré un tour ilustrativo en el tren regular por todo el país: para que vea que “así son, son, son… los campos de Cuba”, los de verdad, para que conozca los barrios improvisados a las afuaras de las ciudades; para que vea a muchos campesinos felices – solo felices por su condición de gente chévere-, pero que no tienen ropas enteras y techan sus casas con tanques de 55 galones abiertos a la mitad.
Esta rutina tendrá que sufriurla una sola vez, porque cuando yo sea el rey del mundo y en vez de perros sarnosos haya animales contentos en las calles de mi ciudad, quiero que las cosas sean distintas.