Little foot y otros cuentos de terror

Según el History Channel en una isla canadiense habita la bestia. Los nativos le nombraron Isázcuash, Zúnacua, Occus, pero las películas de muñequitos le llaman Big Foot o Pie Grande.

Lo más trascendente de los documentales de monstruos es la seriedad con que un número significativo de doctores comemierdas gastan todas sus vidas investigando y tratando de demostrar la existencia de la criatura en cuestión, trabajo por lo cual cobran, salen en la televisión, y en ocasiones se hacen famosos. El monstruo del lago Ness, por ejemplo, confirmó a este blog que fue pagado por estudiosos suecos para que solo sacara una patica del agua, y una vez cada 15 o 20 años.

Pero a lo que voy: si Pie Grande es tan grande, entonces es proporcionalmente tonto. Para la mayoría de los cubanos, que como se sabe somos los mejores en todo, el sinónimo de malignidad está en la pequeñez y el ladinaje. La culpa desto, y la de casi todo, la tiene la mitología campesina, que recrea monstruos chiquitos pero asustantes.

El güije es la figura más representativa del imaginario de cuentos de miedo genuinamente cubano, o sea campesino. Se trata de un negrito semiencueros, (imaginemos que en taparrabos), que no se pincha la planta de los pies con espinas de marabú de tanto callo, y que chilla y mete miedo desde las copas de las ceibas del monte, presumiblemente pidiendo algo de comer… un pan de la tienda, un mantecadito, algo… en su lenguaje montés.

Si en Cuba hubieran bosques (vamos… lo que se dice un bosque bosque….) el mito de los güijes sería mucho más interesante. Según estadísticas del CITMA, se estima una población total de alrededor de siete güijes, debido a las pocas ceibas que quedan: la mayoría de ellos perecieron con el ciclón Ike en el 2008. La culpa de que no haya petróleo a borbotones en las alcantarillas de Holguín, de que en la Sierra no haya café ni cafetaleros, y de que en Camagüey la leche no corra a ríos por las calles, también la tiene el ciclón Ike.

Aunque los güijes son negros, se ha reportado el avistamiento de al menos un ejemplar blanco lechoso. El declarante del caso, Seledonio Valdés, primero creyó identificar un extraterrestre típico, pero las autoridades dijeron que en Cuba lo que había eran güijes, que recordara mejor si quería salir en el periódico, y al hombre se le aclaró la memoria.

Otras historias de miedo, menos extendidas, son la bruja que se chupa a los niños por el ombligo, la luz de Yara (que hizo una tregua con los pobladores durante los años del apagón), el babujal, la desaparición de la libreta de abastecimiento, y la próxima recontra-plus-ultra-post-retrasmisión de las aventuras de Skipy el cangurito famélico.

En las becas preuniversitarias del país el cuento de miedo más común se conoce como “el pica-blúmers”, y refiere las visitas nocturnas de un personaje maniático sexual a los dormitorios de hembras, que levanta las sábanas y pica con una chichilla el blúmer de las chiquitas. Tasmbién en las becas se habla del “niño del inter-toto”, pequeño jodedor que fue ahorcado por su madre con un perchero en el baño. El niño del inter-toto arrastra cadenas y ha sido visto solo por adolescentes histéricas con ganas de dejar las becas.