Escoge aquí tu indio más inteligente

“Aristóteles fue famoso por saber de todo. Creía que el cerebro existe solo para enfriar la sangre y que no tiene nada que ver con el proceso de pensamiento. Esto es cierto solo en algunas personas”

Nerón bautizó de nuevo al mes de abril y lo llamó “neróneo”, pero la idea no resultó porque abril no es neróneo y no sirve de nada hacer ver que lo es”.

Will Coppy

En su “Historia General de las Civilizaciones” Robert Shnerb olvidó mencionar a mucha gente importante para la comprensión de nuestro paso por este mundo. Otorga, no obstante, el autor, protagonismo extremo a culturas primitivas, según él humanas, que las letras del tiempo han embellecido demasiado.

Así, debe revisarse el capítulo dedicado a los godos y vicigodos, ya que un estudio realizado por alumnos de politécnico reveló la existencia de otra raza: los tricigodos. Los primeros andaban a pie y los segundos en bicicletas; los últimos se trasladaban en triciclos, canjeando verduras marchitas por oro, plata y licencias operativas.

Los indios griegos – llamados filósofos por algunos autores- macan un ligero despegue en la inteligencia primitiva. Su principal aporte fue el descubrimiento de una partícula que denominaron “átomo” o “indivisible” la cual podía dividirse infinitamente, por lo cual suponemos se trate de una deficiencia de traducción.

Luego están los egipcios. Quisieron ser más religiosos que nadie: adoraron animales detestables como el cocodrilo, la serpiente, el lobo, el halcón, el alacrán, el gato y el escarabajo de la mierda de caballo, y en sus representaciones de la perfección suprimieron la única parte valiosa del ser humano, la cabeza. Dejaron como excepción la esfinge, la estatua más fea e inútil que construyera jamás la humanidad. En este sentodo el segundo lugar lo ocupan las estatuas de la Isla de Pascua, y las líneas de Nazca, en Perú. Todo parece indicar que estas últimas se deben a algún circulo de interés de arte público rural.

En América estaban los mayas, los aztecas, los incas, y otras culturas menos importantes. Los mayas adoraban al jaguar. Este bicho les comía los niños y los atemorizaba por la selva, pero era muy bonito. Aún quedan algunos. Los aztecas sí eran bravos guerreros. El hombre azteca hacía parir a su mujer a patadas, y luego las mujeres aztecas se robaban entre ellas los niños. Generalmente los aztecas terminaban arrancándose el corazón los unos a los otros con la mano, otras veces, para humanizar la situación, usaban un hacha de piedra. También se explotaban las cabezas con mazos delicados, se encajaban pinchos de palo, y se sacaban los ojos juguetonamente.

Los incas, por su lado, alcanzaron grandes logros en la medicina. ¡Llegaron a operarse el cerebro!: el paciente sobrevivía, pero quedaba tonto; ellos creían entonces que el tipo era un genio pensador, lo nombraban Ataualpa o Huaina, y lo hacían rey. Esta práctica aún pervive en la zona.

En el mismo continente, mucho más arriba, había otros indios: los esquimales. De ancestral cultura y notable belleza física, esta raza ofrece a sus mujeres como si fuesen café; ejemplo:

  • ¡Hola, Papik!¿Quieres acostarte un ratico con Vivik?
  • No, Tatik, gracias, ya pasé por otros dos iglues.
  • Pero, Papik, coño no me hagas esa mierda, que mira, si está calentica y todo….

Los esquimales, además, se “bañan” con grasa de foca y fabrican cuchillos con su propia mierda, lo cual fuese menos asqueroso si no utilizaran después los cuchillos para destazar osos y otras comidas. La mejor jeba esquimal es la que más dientes tiene para masticar la ropa semicongelada de su marido, y cuando se le caen los dientes, cosa que suele suceder muy pronto, deben salir desnudas al hielo, a morir literalmente de frío.

Otros primitivos: los de china. Inventaron la pólvora y la usaron para hacer fuegos artificiales y otros juguetes bobos. Luego vinieron los ingleses, que ya no eran tan primitivos, e inventaron el revólver, con el cual mataron muchos indios en el resto del mundo, y le ajitaron a los chinos los fuegos artificiales.

Por últimos los indios nuestros, cubanos. Bueno…. ni escribieron ni construyeron, es verdad. Sin embrago sí aportaron una infalible metodología para sembrar: hay que hacer un huequito en la tierra y echar allí una semilla, y luego regarla constantemente con agua del río. No es tan obvio, al parecer, cuando no lo hemos aprendido bien. También nos legaron el arte de pescar patos en una laguna: se sumergían con una tapa de guira en la cabeza para parecer piedra, y se acercaban lentamente, tan lentamente que a veces morían cuando trataban de respirar debajo del agua. Por suerte ya no quedan patos en las lagunas… y, ¡verdad! que los ingleses inventaron la escopeta.

Nuestros indios, para proteger a sus hijos del explotador español, llegaron a matarlos, ¡Qué amor! Les rotaban las pequeñas cabecitas hasta que les traqueba la nunca, y ya, “nuca” más serían explotados.

Los indios inventaron el tabaco, lo inhalaban por la nariz con un aparato sofisticado obtenido de los árboles, quién iba a pensar que la boca también conducía al mismo camino. Se comieron casi todas la iguanas y los manjuaríes. Se deformaban la cabeza para verse más bellos y a todo le daban candela porque conocían el fuego. Todavía los investigadores no han logrado deducir cómo adquirieron ese conocimiento. También tenían herramientas de piedras, las cuales hacían con otras herramientas de piedra, de modo que al terminar una ya la otra estaba gastada o rota. Por eso se han encontrado tan pocos restos arqueológicos.

Los hombres de hoy venimos de todas esas culturas antiguas. Y los del mañana escribirán, sin dudas, alguna relectura semejante.