“No me se ocurre nada, pero tampoco me se olvidó”

Hola fanes y fa..- (perdón: debo ser más modesto, o por lo menos controlar un poco el discurso antisexista de moda, que no se acaba de acomodar al castellano); ya: el tema es que esta semana no se me ha ocurrido nada para escribir y postear aquí. Por eso se me ocurrió desempolvar un viejo proyecto con el que una vez pretendí poner los cascos en la literatura infantil.

Aclaro que mi idea de lo que quieren leer los niños se aparta un tin de los Cuentos felices de Doña Ñoña y el Señor Mongolicón, que rompen de tanto peso los estantes de nuestras librerías. A los cuentos de abajo les falta forma, poesía, qué se yo, pero si pienso que a los niños de la generación @ cubana les gustaría leer relatos breves y reales- no por ello carentes de fantasía-, que además sean educativos. Mi humilde intento de hacer algo al respecto:

Ya nadie se faja a las 4 y 20…

Al principio Eduardito tenía miedo de ir la escuela porque una vez su hermana hizo un cuento en el que dos niños terminaban revolcados en el suelo dándose golpes en la cara: Eduardito estaba comiendo y se asustó de tal manera que se le quitó hasta el hambre. Además alguien le explicó que si otro niño le decía “a las 4 y 20” por no prestarle el sacapuntas, por sacarle la lengua o por cualquier otra cosa, tenía que fajarse obligado cuando saliera de la escuela a esa hora.

Pero lo cierto es que ya pasó el tiempo y todavía nadie se faja con nadie en el aula de Eduardito.

Sandy es el más chiquito del aula, no se le puede dar en la cabeza, y cuando llora se pone rojo como la goma del lápiz. A lo mejor es por eso que nadie se ha fajado con él. A Juan Carlos, si se faja, se le pueden romper los espejuelos además siempre lo trae la mamá por las mañanas en un carro que da miedo; Jorge Ernesto está en kárate; Maykel dice que el tío es policía… y así sucesivamente todo el mundo sabe porqué no debe fajarse con los demás.

Eduardito no se faja porque si llega a la casa con el uniforme muy sucio le espera tremendo castigo, y la tarde sin muñequitos se vuelve bastante aburrida.

Lisandra y las “mangaletas”

En el aula de Yanelis todo el mundo tiene que repasar. Él que no tiene dificultades con los productos – sobre todo con la tabla del siete- , las tiene en ortografía. Dos o tres niños tienen problemas en lectura pero en general avanzan.

A Yanelis la sentaron al lado de Lisandra, que tiene que repasar más, para que ella la ayudara. Al principio no le gustó mucho porque se llevaba mejor con Ángel, su antiguo compañero de mesa, pero al final terminó por entender. Lisandra se confunde con muchas palabras. Una vez tuvo que explicar porqué había estado caminado sobre las malaguetas del río frente a la escuela, y aquello fue una catástrofe; primero porque nada explica meterse en el río cuando uno tiene que irse para la casa, y segundo porque en vez de malaguetas Lisandra decía “mangaletas”. Eso causaba tremenda risa en el aula, por lo que la maestra se vio obligada a regañar a todo el mundo.

Lisandra tenía otras dificultades como por ejemplo que decía dividir en “síbalas” en vez de “sílabas”, “murciégalo” en vez de murciélago, y “semáfaro” en vez de semáforo, pero Yanelis iba a ayudarle a hablar un poquito mejor.

El Área Metodológica

En el área metodológica siempre están los de exploración, que tienen que vestirse con camisas de mangas largas, pantalones y sombreros, y traen un palo largo en la mano que se llama “bordón”. Según la maestra de Eduardito, para ser explorador hay que estar en cuarto o quinto grado, aunque algunos niños de pañoleta azul también entrenan en el área. Allí puedes aprender a hacer nudos con sogas, a orientarte de noche por las estrellas, a hacer fogatas con leña y a enmascararte con fango del suelo.

Los exploradores tienen una bandera y hacen competencias. La más divertida es cuando guardan cosas en una mochila con los ojos vendados; el que termine primero sin que se le quede nada afuera grita ¡listo!, y gana.

¡Ah…! el “bordón” sirve para muchas cosas: lo mismo para tumbar mangos de un árbol que para ayudar a alguien a subir una loma; nunca para jugar de manos con otros exploradores…

A Eduardito ya no le gusta mucho eso de la exploración porque siempre lo regañan cuando lo ven mirando por la ventana para el área metodológica.

Secreto de hormigas

A veces uno se pasa mucho tiempo pensando en las cosas. Por qué las hormigas se detienen cuando se cruzan unas con otras. Parece que se dijeran en secreto donde está la comida, o a donde deben llevarla. Lo que sea que se digan las hormigas, en su lenguaje de hormigas por supuesto, lo hacen en secreto. Igual cabe la posibilidad de que solo se estén saludando, como hacen los choferes cuando se cruzan en las carreteras.

Las hormigas transportan hasta cien veces su propio peso, lo que las convierte en uno de los insectos más fuertes de todo el reino animal. Si los seres humanos tuviéramos la fuerza de las hormigas podríamos levantar un camión lleno de naranjas. Otro insecto singular es la pulga, un bichito muy molesto que vive en el pelaje de los perros y los gatos. La pulga puede saltar muchas veces su propia altura, pero como esto no tiene nada que ver con el secreto de las hormigas, lo dejaremos para otro cuento.

¿Qué soñé?

El otro día Eduardito soñó que caminaba por un monte. No se acuerda de los detalles del sueño, pero sí de los olores de las yerbas. Habían unas cuantas monedas de a peso en el suelo y una larga soguita amarilla. Entonces le dio risa, encendió un candelabro que parecía muy antiguo y todo se volvió de noche. No sonaron los bichos que siempre suenan en los montes porque ahora estaba en el mar, en un barco de fiestas con mucha gente bailando.

Cuando Eduardito se despertó enseguida vio la soguita amarilla, que era donde se tendía la ropa en el patio, pero el resto de las cosas del sueño no estaban en su casa. ¿Mami…, qué soñé?- dijo entre bostezos.

La mamá contestó algo que daba ganas de ir a la playa, pero Eduardito debía vestirse para ir a la escuela. A veces uno sueña cosas que no puede explicar muy bien.

Un cocotazo Excelente

La mamá de Sandy, que se llama Martha, trabajaba de auxiliar en la cocina de la escuela. Sandy prestaba poca atención en las clases de español y casi siempre salía mal en las comprobaciones; por eso el día que cogió Excelente en un dictado dificilísimo en el que solo tres niños más alcanzaron esa calificación, todo el mundo se sorprendió, incluyendo a la maestra.

Entonces la maestra decidió darle una sorpresa a Martha, que ya estaba un poco cansada de las malas notas de Sandy. La idea era parar frente al aula a Sandy y a los otros tres niños de Excelente, y llamar a Martha para hacerle una broma: le iban a decir que esos eran los niños que habían sacado Mal.

Todo parecía muy gracioso hasta que Martha, al ver que Sandy se reía, le sonó un cocotazo que debió escucharse en la dirección mientras la maestra corría a explicarle que aquello era una broma. Todo terminó con lágrimas y besos, y la maestra nunca volvió a repetir semejante gracia.